Actualidad

De la Semana Santa cordobesa

13/04/2011

"Juan Manuel Miñarro. El Santo Cristo de la Universidad (I Parte) "

"El mensaje ha sido, es y será siempre el mismo: Jesucristo, Hijo de de Dios Salvador. Pero los artistas lo han transmitido a su modo en cada época. Martínez Montañés nunca hubiese podido abrazar un modelo en poliestireno del Cristo de la Clemencia. A Miñarro le he visto sosteniendo orgulloso el que acababa de regalarle el sacador de puntos del Cristo de la Universidad. Si el XVI habló del Cristo de Cellini, el XVII del de Montañés o el XIX del Cristo de Thorvaldsen, el XXI hablará, sin duda, del Cristo de Miñarro, el Santo Cristo de la Universidad.

Acudí, una vez más, al taller de la calle Viriato, aquella especie de matriz en la que se forman y salen a la luz imágenes sagradas, potentes monumentos –ahora el de Juan Pablo II- y estudios escultóricos en torno a la figura estremecedora del Hombre de la Sábana Santa. La cruz, el titulus, la corona de espinas, un nuevo flagrum, el rostro del Hombre torturado e incluso el modelo de polímeros de blanca espuma forman parte de una estela: la memoria genética y espiritual de que en aquel portal de la Belén profunda vino al mundo el Santo Cristo de la Universidad.

-Han pasado nueve meses desde que la imagen salió de esta casa. Su impacto mediático ha sido excepcional y seguirá generando interés, sin duda. Considerando la larga experiencia que ya tienes acumulada ¿qué crees que supone esta imagen en tu carrera?

Aparte de ser un reto más en mi carrera, en lo que yo me exijo a mí mismo, es algo totalmente nuevo, desde el punto en que hasta ahora no nos habíamos planteado el hacer una obra en la que pudiéramos representar prácticamente todo aquello que conocemos a nivel científico y con los estudios de la Síndone. Con lo cual ha habido que buscar un método que nos permitiera llevarlo a la práctica, pero de una manera plástica, a su vez. Porque la imagen no iba a ser un objeto de estudio, un objeto museístico, sino que tenía que ser, además, un objeto devocional. Intentar unir lo uno y lo otro ha sido la primera vez que lo he hecho. Por eso, a partir de que se termina el Cristo y visto el resultado y las consecuencias que tiene a nivel de opinión pública y cómo lo recibe la Hermandad, para mí supone algo que no se me va a olvidar nunca.

Tengo que decir que me dejó totalmente agotado: hubo dos o tres meses en que no pude hacer nada, porque sólo tenía en mi mente el esfuerzo que me había costado, que no podía ni quería pensar en otra cosa que no fuese el Cristo de la Universidad. Incluso me han llegado propuestas de hacer imágenes similares, con las mismas características y he dicho que, desde luego, no. Que de imaginería, no. Para mi trabajo y mi misión dentro del Equipo de Investigación de la Síndone, por supuesto que sí, pero se acabó. Por lo menos, a nivel personal, este Cristo va a tener esa cosa especial de ser la primera y la última vez que haga una obra así, con esa exactitud.

-Con ello el escultor asume un riesgo.
No sé si el escultor más que la Hermandad. Yo creo que la Hermandad asumía un riesgo mayor. De una hermandad de penitencia todo el mundo espera que haga una imagen de unas determinadas formas. ¿Pero cómo una hermandad se atreve a hacer una cosa así?

-Creo que la Hermandad asumió su responsabilidad y encargó lo que quería hace tiempo a la persona adecuada: la plasmación real de la crucifixión con la apoyatura científica de los estudios sobre la Sábana Santa. Y esto se ha conseguido perfectamente.

La crucifixión siempre fue un horror, pero luego ha derivado en un goce estético. Cuando uno contempla un Cristo de Montañés o Juan de Mesa no deja de ser un crucificado, pero eso lo pasamos a un segundo o a un quinto plano y lo que observamos es la parte escultórica de la obra. Éste no, éste es un poco más lo que significaba la crucifixión para los primitivos cristianos, que era el absoluto horror a todo lo que fuera cruz, por la cercanía y el recuerdo de lo que significaba una muerte en cruz.

De todos modos jugábamos con ventaja. Yo tenía una cosa muy clara: si hay algo que distingue al Hombre de la Sábana Santa, cuando se observa su fisonomía, y a pesar de las marcas del martirio que se traduce en un cuerpo lleno de traumatismos, es que hay un algo de paz en ese rostro de la Sábana Santa, un algo de serenidad que no lo hace contrario a la devoción. La misma Síndone es un objeto de devoción, incluso a través de simples fotografías. Por tanto, si hacíamos algo que se pareciera, aunque fuera someramente, a lo que verdaderamente ese rostro nos dice, pues yo estaba convencido de que no iba a generar ningún rechazo.

Otra cosa es el hecho de la sangre, de ver las heridas en relieve, que sí que puede generar en un momento determinado un cierto rechazo por parte de sensibilidades especiales y eso es lógico y muy respetable. Pero había que intentar que la imagen estuviera por encima de eso. Y de hecho en la Síndone está la imagen por encima del martirio. Y creo que eso, en el fondo, es lo que le pasa a la imagen del Cristo, sobre todo cuando se ve en la realidad, no cuando se ve a través de fotografías.




Publicado ""Córdoba Cofrade"", núm. 130"

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