Actualidad

De la Semana Santa cordobesa

29/08/2011

Como un viento recio del Espíritu

"El momento culminante de la JMJ se produjo en el contexto de una fuerte tormenta, con aguacero, viento fuerte y relámpagos en la vigilia del sábado. No estaba programado en la guía del peregrino, pero fue algo impresionante. Todos temíamos sobre todo por el Papa, que insistió en permanecer en medio de los jóvenes y no retirarse. Y los jóvenes arroparon con sus gritos y cánticos al Papa Benedicto, al tiempo que se sentían seguros teniéndole a él en medio de esa magna asamblea de más de un millón de jóvenes, en la que todos nos mojamos. “Por el Papa, esto no es nada”, gritaban los jóvenes de mi alrededor.

La tormenta cesó, y se produjo una calma agradecida que permitió exponer el Santísimo Sacramento en la custodia de Arfe de la Catedral de Toledo. Un trono magnífico para el gran Rey del universo, que se acerca silenciosamente hasta nosotros realmente presente en el Sacramento. “¡Majestad, adoro tu Majestad!”. Y la inmensa multitud de jóvenes, con sus sacerdotes y catequistas al frente, con mil obispos en el estrado, con el Santo Padre presidiendo, se postraron todos en silencio para adorar al Señor. Fueron quince minutos de silencio, en el que no se oía ni una tos. Todos estaban centrados con profundo espíritu de fe en el Invisible, el amor de sus vidas. Este fue el momento culminante de toda la JMJ. Para ese momento habíamos ido hasta allí, y será un momento inolvidable en la vida de todos los presentes.

Otro momento culminante ha sido el encuentro del Papa con los discapacitados en el Hogar San José de los Hermanos de san Juan de Dios. “Vosotros formáis parte del tesoro de compasión que necesita el género humano”, les dijo el Papa a estos jóvenes, cuya “presencia suscita en nuestros corazones, frecuentemente endurecidos, una ternura que nos abre a la salvación”. Ya en el viacrucis del viernes había recordado el Papa a los jóvenes que no pasaran nunca de largo ante el sufrimiento ajeno, sino que a imagen de Cristo supieran compartir el sufrimiento y consolar al que sufre.

A los universitarios les recomendó que no se contentaran con la simple capacitación técnica, porque “cuando la sola utilidad y el pragmatismo inmediato se erigen como criterio principal, las pérdidas puedes ser dramáticas: desde los abusos de una ciencia sin límites, más allá de ella misma, hasta el totalitarismo político…”. A los voluntarios, además de agradecerles su generosidad, que ha hecho más amable la JMJ para todos a costa de su sacrificio impagable, les invitó a plantearse una posible vocación de total entrega al Señor.

La presencia del Papa en Madrid ha estado precedida por las catequesis de los obispos en 300 iglesias del entorno, a rebosar de muchachos que quieren vivir mejor su propia fe. Con un programa señalado, los obispos catequistas se han acercado a los jóvenes, que han vivido esta experiencia eclesial en torno a los sucesores de los apóstoles. Temas muy concretos, como la fe, Jesucristo, la misión. Y preguntas abiertas para todo el que quisiera interpelar. La fe no tiene miedo a las preguntas, porque la fe cristiana es razonable, se pregunta por la explicación de sí misma y capacita para dar razón de nuestra esperanza al que nos la pidiera. Los jóvenes no tienen reparos en preguntar, y la Iglesia representada en los obispos catequistas no tiene reparo en responder con la Verdad que nos viene de Cristo, el único salvador de todos los hombres.

Prácticamente, toda la mañana de esos tres días ocupada en la reflexión y en la oración, en la que cada uno se acercaba libremente a recibir el perdón de Dios en el sacramento de la Penitencia, recibido individualmente. Además de poder hacerlo en el parque del Retiro, donde se habían instalado 200 confesonarios, y donde otros tantos sacerdotes en turnos diferentes no daban abasto a todas las demandas. También el Papa se acercó para administrar el perdón a unos jóvenes. Esta ha sido una novedad de la JMJ de Madrid. Los jóvenes de última generación saben que el sacramento del perdón es insustituible para un crecimiento sostenible de la vida cristiana, para vivir en gracia de Dios.

El futuro de la Iglesia está garantizado. En la JMJ de Madrid, preparada en los días previos de las diócesis, hemos constatado que los jóvenes, estos jóvenes y otros muchos que no han podido venir, asumen el protagonismo de evangelizar a sus propios contemporáneos. No han venido a Madrid de excursión ni de turismo. Han sido días duros, de sol y de sed, de fatiga y de caminatas, donde la comida llegaba justa para seguir caminando, días como de campaña en unas maniobras militares, de actos intensos de la mañana a la noche, días llenos de detalles de solidaridad entre los mismo jóvenes, días de gozo que han llenado de gozo pacífico y de esperanza las calles de Madrid en pleno agosto, en los días más calurosos del año, como habían llenado de alegría y esperanza nuestros pueblos y la ciudad de Córdoba. No han faltado algunas protestas anecdóticas de los antipapas, de los laicistas, que a los mismos jóvenes les han abierto los ojos para constatar por sí mimos lo que eso da de sí. Pero, aún lamentando que se haya producido, también ha contribuido a que brille con mayor resplandor la belleza de Cristo y de su Evangelio, que sigue atrayendo a los jóvenes de hoy y de mañana.

Para Córdoba, además, la JMJ de Madrid ha sido el momento histórico del anuncio de san Juan de Ávila como doctor de la Iglesia. Montilla se convierte de manera más intensa en lugar de peregrinación al sepulcro del Maestro Ávila, de encuentros para conocer al nuevo doctor. Y la diócesis de Córdoba asume este reto que la Iglesia le confía con la esperanza de estar a la altura de una figura de esta talla para darla a conocer al mundo entero.

Sólo nos queda dar gracias a Dios por todo lo vivido en estos días de la JMJ de Madrid, después de asistir al encuentro vocacional del Camino Neocatecumenal en Madrid, donde varios miles de jóvenes, chicos y chicas, se han levantado para entregar su vida al completo. Vale la pena gastarla por Jesucristo y para el anuncio del Evangelio, lo único que llena de alegría y esperanza a los jóvenes de hoy y de siempre.




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